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BALLERINA VARGAS TINAJERO

 


ANTES

                   Life is a pity.
                           Jack Kerouac




Es mentira
No es el tiempo
El que hace de nosotros
Lo que somos

Podríamos ser eternamente
El perro que no teme
La ola que no rompe
La lengua que no conoce lo amargo
La carne intacta
La mirada sin sombra
Que contempla sin saberlo
La última tarde de verano

Podríamos haber sido
Lo que ya no recordamos
Lo que fuimos
hace mucho

Antes del daño



(Ballerina Vargas Tinajero, Antolejía: Poemas para limpiar el váter, Ed.Liliputienses, 2015)

ESTEBAN MALDONADO




FRAGMENTOS ÍNTIMOS


1. VÉRTIGO

Me asomé a la madrugada
y me templaban las rodillas.
Caí en sus brazos oscuros.

  
2. CADÁVER

Ha llegado la noche.
Un coro de grillos
cantan al cadáver del sol.

  
3. VIENTO

Escucho sus lamentos
entre los pinos verdes.
Tiene el corazón roto.


4. SOLEDAD

Escribir la soledad
en el centro del silencio.
Sólo escuchamos los versos.
  

5. JARDÍN

Entré en el jardín
y me entregaste
el fruto prohibido de tu cuerpo.
  

6. MISTERIO

El misterio de la ausencia:
el dolor de estar sin ti
pero sintiéndote cerca.

  
7. CORAZÓN

Fuiste dejando tu vida
en las páginas del libro.
Aún siento los latidos.

  
8. AMANECER

Ya ha amanecido.
El jardín está en silencio.
Germina el dolor.

  
9. CENIZAS

Estoy fumando
desde el amanecer.
Mi vida se reduce a cenizas.

  
10. MAR

El sol va sumergiéndose
en el lecho del mar.
Se ahogan mis recuerdos.



(Textos inéditos de Esteban Maldonado) 

NATALIA LITVINOVA



CEREMONIA

La infancia
te hará un palacio de invierno,
sembrará tus verduras,
será tu pájaro
recortado del periódico,
una castaña vista
desde la ventanilla del colectivo.
quemará la casa.
venderá tu fruto.
cortará el pájaro
adherido a la nieve.


(Natalia Litvinova, Esteparia, Ediciones del Dock, 2010)

ANDRÉS MORALES


DESPUÉS

Lo que vino después
ya no importa,
todo el mundo lo sabe. 

Lo que vino después
fue el mar,
de nuevo el mar
y una mujer de mármol
para negarle los hijos. 

Lo que vino después,
en el infierno,
James O’Neill también lo sabe:

Un largo camino de noche
para no encontrar el día.

Un hijo suicida,
otra vez la muerte,
y ahora,
rompiendo sus vasos de oro
y todas las botellas. 


(Andrés Morales, Soliloquio del fuego, Orgon Editores, 1984)

ANTONIO AGUILAR RODRÍGUEZ



CANCIÓN DE LOS GATOS

Nunca pensé que en una vida se pudiera
vivir dos veces. Retornar a casa,
vestir de nuevo las habitaciones,
apuntalar el corazón en el jardín,
decirte buenos días, y que sea cierto,
escuchar esa música que es nueva,
las notas de tus pasos diminutos
a media noche en el pasillo,
decirte amor a ti, de quien apenas sé nada,
amor mío, y que sea cierto.



(Antonio Aguilar Rodríguez,  La noche del incendio,  Huerga & Fierro editores, 2015)

DAVID ROMERO RAPOSO



Llanto por Miguel Hernández

Colmenar de barro inerte,
habitáculos henchidos,
seres enfermos de muerte
con trajes de huesos vencidos.
En el silencio del alba,
en la fría enfermería,
se está rompiendo la calma,
Miguel, solo, se moría.
Que no quiero verlo, que no.
Tumbado, su pecho abierto,
donde marcha lentamente
la suciedad que en su cuerpo
rompe su vida y simiente.
Que no quiero verlo, que no.
Dando un último suspiro,
su cuerpo de mármol blanco,
se aleja de su familia
y se asoma ante el barranco.
Dos cebollas son sus ojos
que miran hacia el vacío
escribe el último verso
con lágrimas de rocío.
Que no quiero verlo, que no.


(David Romero Raposo, La Hija Descalza de la Primavera,  Ed. Poesía eres tú, 2011)

SOLEDAD FARIÑA VICUÑA



me detendré
en los peces

en el instante

en
que
el
aire

desmadejó

su sonrisa
en el temblor de mi
labio



(Soledad Fariña Vicuña, Narciso y los Arboles, Ed. Cuarto Propio, 2001)

GONZALO SALESKY


EPITAFIO


Cuando supo que se acercaba la hora, se decidió a escribir su epitafio. Para ser recordado en el lugar donde vivió siempre, para plasmar algún pensamiento agradable o simplemente para despedirse. Quería dejar algo. Lo necesitaba. Como una especie de consuelo ante su inminente partida.
No sabía qué le esperaba allí, del otro lado. Por más leyendas o historias que supiera, lo aterraba el hecho de comenzar su último viaje sin saber el destino. 

Al fin tuvo la frase exacta entre sus labios y sólo en ese momento sintió que podía partir. Tranquilo, ligero de equipaje y sin cuentas pendientes. Cerró los ojos, y luego de esos nueve meses que le parecieron eternos, nació. 




(Gonzalo Salesky, relato finalista del I Premio Nacional de Narrativa Breve “Villa de Madrid”)

ALBA SABINA PÉREZ




EL SEÑOR K.

El señor K. me ha mirado
Es un señor extranjero
Que se cubre con una bolsa
De papel marrón
Y va a una peluquería
Donde dice la gente
Que inventaron los cráneos.

Él me miró
Pero no podría afirmar
Si tuvo la intención
De hacerme palidecer
De aquel modo
-con solo un ojo vivo
y la cara torcida
hacia el extremo del desierto-.

Cuando se aparta
Alguien confirma
Que el señor K. me ha mirado
Y sé entonces
Que hoy no estoy viva,
Precisamente hoy,
Que tenía tantas ganas
De comer fruta
Y correr
Hacia el pueblo de los italianos,
Precisamente hoy
Que tenía tantos planes.

El señor K. luego,
Sin quizás pensárselo mucho,
-Porque el señor K.
Tiene cuatro cerebros
Como estómagos
Tienen las vacas-
Rumió sus destrezas mentales,
Se sentó a tomar un vino blanco
Y me ignoró de nuevo.

Quiero acabar con todo
Ahora que sé
Que hoy precisamente
No podría pasarme nada peor
Que verme reflejada
En un ojo que no es de cristal.



(Poema inédito de Alba Sabina Pérez)

MIGUEL ÁNGEL RINCÓN PEÑA



SUICIDIUM


En sus manos se resume el tiempo.
El poder decidir lo que es o lo que será.
Sentirse poderoso por un instante
gracias a ese olor a pólvora
que sube como la cocaína.
El frío del acero contra la sien
hace pasar la vida en un momento,
rememorando los recuerdos
que el olvido encarceló.


El dedo índice ya roza el gatillo.
El filo del cañón resbala,
las gotas de sudor descienden
como ríos de lava ardiendo.


Cierra los ojos, aprieta los dientes…
Se hace el silencio eterno,
consecuencia del estruendo final.




(Miguel Ángel Rincón Peña, La máquina quimérica, Atrapasueños, 2014)

ANA PATRICIA MOYA



INCAPAZ

Tus ojos transparentes lo ruegan:

un abrazo infinito que te ampare

de este perpetuo invierno

y sus huérfanos de costillas vacías,

ese gesto de ternura que te auxilie,

naufraga hambrienta, de los restos

del fracaso que nos maltrata,


           buscas una isla que bese tus pies,
y me encuentras inhóspita, muda;
 y me quedo con las ganas
por miedo a no encontrar[te]
las palabras precisas exactas para cerrar la cicatriz,
por miedo a romper[te]
con estas manos impotentes y torpes.

(Ana Patricia Moya, poema extraído de su blog (H)AMOR Y (H)ASCO SE ESCRIBEN CON (HACHE) )

JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ




viajes al centro de la tierra

abro el mapamundi
las costuras de los dobleces
marcan los caminos que recorrí
rotos
por donde llegué al centro del vacío


eh, todavía estoy aquí

enciendo todas las noches
mariposas de aceite
para que sepáis
que sigo vivo
cualquier soplo de aire
las podría apagar
y dejaros a oscuras


siento la sal de tu boca

entra en mis pulmones el salitre
de la desnudez de tu cuerpo
cuando llega a la sangre
todo fluye como las olas de un mar embravecido
donde me sumerjo
a pesar de la bandera roja


cuando ruge la marabunta
oigo en todas las multitudes
un temblor de botas desgarrando el suelo
celebrando todas las conquistas
y un arrastrar de pies descalzos
huyendo de todas las derrotas



(Poemas de José Pastor González publicados en su blog  http://librosyaguardientes.blogspot.com.es/)

LUCÍA DE FRAGA



“PLAY A NEW GAME”

Estoy jodida como siempre, porque
no encuentro mi nombre in the Irish Poetry Review.
Pero vamos a inventar un nuevo juego,
donde yo soy la chica de ojos marrón.
Van Morrison toca la guitarra, mientras yo me columpio
como una aterrada Julia Roberts “Durmiendo con su enemigo”,
con unas piernas tan largas que puedo dar zancadas siderales
por el Orbe hasta Nunca Jamás, perder hasta mi sombra,
la memoria y ofrecerte un beso por un dedal.

Estoy jodida como siempre, pero ¡vamos, chico!,
¡¡¡hay que disfrutar!!!
En este nuevo juego las lágrimas son aceite que
encienden las lámparas de los corredores
de la oscura casa de Vincent Price.
En el museo de cera no nos reconocerán,
ni vendrá el viejo Edwards a enseñarnos El origen del mundo;
nadie hablará de nuevos tiempos para el amor,
cuando Gabo y el Cólera empezaron a flotar.

Estoy jodida como siempre, pero vamos a jugar.
Enciende la radio que ¡¡¡la carretera es nuestra!!!
Y no importa si nos matamos contra un muro de nostalgia.
Somos mucho más que “Dos en la carretera”,
Porque no tenemos código de honor.
Nuestras normas las dictó en la selva un mono loco
que cantó una canción de cuna junto a un niño desnudo
al que confundieron con Dios.
Y Dios vino de las basuras para decirme:
“!Ey, nena, estás jodida, pero hay que disfrutar!”.

Tú no eres la chica de los ojos marrones, eres Lucy in the Sky
with Diamonds y Kaleidoskopics Eyes.




(Lucía de Fraga, poema extraído de su blog Nostalgia del acero)

VALERIA CANELAS




HUELLAS

vértebra tras vértebra
el mal se ha vuelto sólido hueso
materia susceptible de ser vida

el mal como un hogar inconstante envenenado
por las súplicas de los que no
sabemos permanecer en lo distante

la huella que arde abre el cuerpo
la sangre antigua manando en toda
dulce instancia

nombre tras nombre
el océano se ha fundido con mi rostro
enfermo de deseo y podredumbre

no habrá órgano que constante
la belleza y su desperdicio



(Valeria Canelas, poema extraído de su blog http://edithoster.blogspot.com.es/ )

JAN JACOB SLAUERHOFF



In mijn leven, steeds uiteengerukt
Door de vlagen waar ´k aan blootsta,
Daar ´k niet kan hechten aan liefde en geluk
Die mijn zullendrijven tot ik doodga.



Como en mi vida, cada vez arrancada
Por las ráfagas en donde estoy expuesto,
No consigo ahí sujetar al amor y a la felicidad
Que hasta mi muerte me conducirán.


(Jan Jacob Slauerhoff, Solo en mis poemas puedo vivir [Antología esencial], edición de Antonio Cruz Romero, Huerga & Fierro, 2012)

CHARLES SIMIC




HOTEL INSOMNIO 


Estaba a gusto en mi agujero.
La ventana daba a una pared de ladrillos.
En el cuarto de al lado había un piano.
De vez en cuando
un anciano inválido
venía a tocar My Blue Heaven.

Pero, en fin, por lo general
era un sitio tranquilo.
Había arañas
en todas las habitaciones,
y moscas atrapadas
en los hilos del humo y la vigilia,
y el aire era tan denso
que no podía verme en el espejo.

A las cinco de la mañana
se oía el ruido de unos pies descalzos.
Era el gitano de la esquina,
el adivino,
que se levantaba a mear
después de una noche de amor.
Una vez oí, incluso
el sollozo de un niño.
Estaba al otro lado,
tan cerca que pensé,
por un instante,
que era yo el que lloraba.


(Charles Simic, Hotel Insomnio [Hotel Insomnia], Nómadas, 1998)

IVÁN ROJO




LA GRAN LLANURA AMERICANA

Quiero ver las Grandes Llanuras. Quiero estar en las Grandes Llanuras. Quiero pisar el polvo de las Gran Llanura Central Americana. Estar de pie en el centro de esa inmensa planicie que se extiende entre las faldas rotas de Las Rocosas en el Oeste y los Montes Azules de los Viejos Apalaches en el Este y entre los Grandes Lagos en el Norte verde y blanco y el Golfo de México en el rojo Sur abarcando los estados de Nuevo México Texas Oklahoma Colorado Kansas Nebraska Wyoming Montana Dakota del Sur y Dakota del Norte. Quiero dejar mis huellas a merced de las sequías y de las tormentas de arena en la Meseta de Misuri en las Colinas Negras en las Altas Llanuras y en las Llanuras de la Frontera, en el Piedemonte de Colorado en la Sección Ratón en el Valle del Pecos en la Meseta Edwards y en la Sección Texas Central. Quiero ver anegarse el desierto con el desbordamiento del Río Misisipi y del Río Missouri. Quiero observar cómo son las sombras donde no hay árboles y quiero escuchar el ulular del viento viejo pero impenitente cuando pasa por el centro exacto de las vastas praderas. Quiero ver correr perros de las praderas
y antílopes americanos. Quiero oír aullar al coyote y enseguida ver su silueta recortada contra el azul en lo alto de un promontorio. Quiero sentir la tierra temblar bajo mis pies con la estampida de la última gran manada de bisontes. Quiero contemplar enjambres de tornados en el horizonte rugiendo impredecibles como descomunales bestias vivas que empequeñecerán a los molinos gigantes de La Mancha. Quiero ver perderse entre fieras nubes de metal
tejados arrancados de cuajo casas enteras intactas cercenadas desde sus cimientos camionetas Chevrolet carpas de circo multicolores maizales más amarillos que el sol cabezas de ganado mugiendo de miedo y libertad kilómetros y más kilómetros de tendido eléctrico y telefónico y polvo, polvo, polvo, toneladas del polvo que no logró enterrarme. Y luego quiero sentarme ahí, en medio de la Gran Llanura Central Norteamericana, y enviarte un whatsapp. Y que no haya cobertura. Que jamás llegue a tu móvil. Que nunca sepas que lo he conseguido.


(Iván Rojo, La vida salvaje, Rasmia Ediciones, 2015)

MARÍA M. BAUTISTA




RADIOGRAFÍA


He visto el esqueleto de mi alma,
y no he tenido miedo.

Yo no he visto los huesos
que calmarán el hambre de los buitres,
o encontrarán su tumba bajo el agua,
entre la sal y los naufragios.
No todavía.

Tampoco he visto en ellos cicatrices:
quizá no he estado nunca en la batalla,
siguiendo las estelas de los tanques,
golpeando otros huesos con mis huesos.
No todavía.

He visto el esqueleto de mi alma:
era una catedral del siglo XIII,
sólo nervios y vanos,
y nada alrededor, clara y oscura.



(Poema de María M. Bautista extraído de su blog http://lacegueradepiero.blogspot.com.es/ )

MARIAN RAMÉNTOL





INFINITA, PERFECTA Y CON LA SANGRE CANSADA

                                                                A ese ser que ya siempre será de agua 


Con mi cara en la póstuma curva del aire
atravieso los huesos de la vigilia,
los ojos desasidos,
para no perderme ninguno de los secretos
que guardan las vísceras de los buitres.

Así te acompañan mis venas de cáñamo
con el perfume más triste amarrado a la ventana
y los días sujetando diez dedos de goma,
como un chiste de mermelada rancia.

Te me fundes
en la arena de un piano
de cola muy negro
reventada de amor y agua,
y entre las piernas
un millón de acordes de tu fuga
sueñan con morir en el próximo parto.

 Cuando los dioses bajan demasiado la voz
 yo sigo manteniendo el equilibrio
 sobre los nombres.
 Asumo el riesgo de las comas
 en los límites atroces de tu huida,
 porque contigo
 la respiración es mucho más asequible,
 mientras las nubes se encargan de ubicarte
 en el mapa empapado de mis ojos. 

Cada pliegue, cada mota
de esta ceniza extranjera en el pecho,
te recuerda infinita,
perfecta y con la sangre cansada.


(Marian Raméntol, Primaria, decisiva e inaprensible, La Náusea Ediciones, 2015)

ESTEBAN MALDONADO



ATARDECER


Mientras estoy fumando tranquilamente
en la terraza de un bar,
absorto en mis pensamientos más oscuros,
las misteriosas sombras
asedian lentamente
la desnudez de esta tarde de enero,
cubriéndola de soledades y de miedos,
de fantasmas que aguardan en las esquinas de la noche.

Mientras estoy acabando de fumar
en la terraza de este bar,
observando el confuso desamparo de las calles,
el tiempo agita los cuchillos del frío
y una suave brisa ensangrentada
nos eleva el alma, entre hojarascas secas
y heridos adioses,
hasta la más alta cumbre del silencio.



(Poema de Esteban Maldonado publicado en la revista La RaRa 4, 2015)